Análisis de Coyuntura
Cuando la seguridad privada dejó de ser un lujo y se convirtió en un ‘autoimpuesto’ obligatorio
Cada persona afectada por la delincuencia en Guanajuato absorbe casi 6 mil pesos al año, y cuatro de cada diez se van sólo en candados, rejas y cámaras. El blindaje ya no termina en la puerta: siete de cada diez adultos dejaron de permitir que los menores salgan solos.
Cuando abrió la puerta de su terreno, en una colonia de la zona sur de León, le faltaban las dos bicicletas de sus hijos y un asador. Pero no fue el único hallazgo. Guadalupe también se dio cuenta de que las ‘visitas’ intentaron forzar la chapa de entrada a la vivienda que tienen en ese predio. Básicamente se encontró con la realidad que hoy, en algunos casos, fractura a los habitantes del estado de Guanajuato: los ciudadanos nos hemos visto obligados a acorazar nuestra propia libertad tras candados, protecciones, frente a cámaras de vigilancia. Y todavía tenemos que pagar por vivir bajo asedio.
Y no se trata de una percepción aislada. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) lo ha documentado en su Encuesta Nacional de Victimización y Percepción Sobre Seguridad Pública (ENVIPE). Los datos no son nuevos, pero tampoco han perdido vigencia. Vale la pena darnos un momento para escudriñar lo que respondieron los encuestados. Para empezar, cada persona afectada en Guanajuato absorbe un impacto económico promedio de 5 mil 926 pesos anuales a consecuencia de la delincuencia.

Lejos de tratarse de pérdidas puras por delitos consumados, casi el 39.8% de esa carga se destina exclusivamente a gasto preventivo: a blindar los accesos y levantar defensas ante la ausencia de garantías públicas. El resto es lo que los encuestados han invertido en pagar los daños. Es decir que si nos vamos con el promedio, quienes respondieron a las preguntas de la ENVIPE han destinado, en promedio, 3 mil 546.45 pesos anuales para reparar el daño provocado por los delincuentes y 2 mil 358 pesos en blindar sus hogares y negocios.
Los rumbos de Guadalupe ya representan una zona conflictiva que distaba de serlo hace 20 años, cuando llegó a estrenar su casa. El hallazgo que nos comparte es apenas el segundo de dos ocasiones en que ha sido víctima de la delincuencia en ese mismo domicilio. Porque uno se convierte en afectado o afectada desde que nos echan a perder las chapas y hay que comprar nuevas y gastar en el cerrajero. Esa es la palabra que usa nuestro testimonio porque para él es un gasto, no una inversión. El chiste es que el ‘autoencierro’ le costó alrededor de 6 mil pesos entre cámaras y alarma.
El ‘autoencierro’ y el blindaje contra los amantes de lo ajeno
Y por supuesto que no es un caso aislado. Basta con salir a las calles de León, por poner un ejemplo de 46 posibles, y ver barandales con púas, bardas con videovigilancia, protecciones con uno o dos o tres o más candados. E incluso la persistencia de grupos vecinales que se organizan para vigilarse entre ellos. Para hacer de sus lugares de residencia una fortaleza que, lejos de darles paz, los hace vivir a la defensiva. Los datos de la ENVIPE respaldan esta reacción metódica de supervivencia: cerca del 23% de los hogares recurre al cambio de cerraduras o candados como su primera línea de defensa, mientras un 19% opta por sustituir puertas y ventanas para asegurar el perímetro.

Lejos de una reacción de pánico, los datos y las historias de calle desnudan una respuesta racional y metódica: el autoencierro funcional. Le llamaremos así porque tampoco se trata de recurrir a un término alarmista como el de un ‘toque de queda’, sino que se trata de la decisión ineludible de blindar el espacio privado para poder habitarlo con calma o dejarlo solo, porque no se puede vivir tras los candados 24/7, sin la zozobra de que el siguiente intento de robo rompa la cerradura.

Para darnos una idea de la situación, en lo que va de 2026 en el estado de Guanajuato y de acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, han sido abiertas 370 carpetas de investigación por robo a casa habitación, de los cuales 40 fueron con lujo de violencia. En el caso del robo a comercio van 867 expedientes y aquí los casos con violencia sí son alarmantes al registrar 334. Si nos vamos al promedio diario nos dan, prácticamente, dos por día en robo a casa habitación y 4 en robo a comercio.

Fuentes
Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2026, INEGI. Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, cifras de 2026 citadas en la nota.