Análisis de Coyuntura
Cuando la violencia baja pero la estructura criminal se queda
Guanajuato registró 3.2 víctimas de homicidio al día en agosto, 75% menos que en febrero de 2025. Pero la extorsión apenas bajó 8.2% y las células criminales siguen operando en los municipios.
Hay que arrancar por lo que es: las gráficas que presentó el gabinete de seguridad federal, durante la conferencia de prensa matutina, realizada en Irapuato, no son cualquier cosa. Si uno revisa el reporte del 18 de septiembre de 2026, el desplome en los números impresiona. Con un promedio diario de 3.2 víctimas de homicidio doloso en agosto, Guanajuato tocó su nivel más bajo desde 2018, alejándose de golpe de aquel infierno de 12.7 casos diarios que se vivía en febrero de 2025. La proyección anual para este año, con 4.0 homicidios diarios en promedio, marca una contención de la violencia letal que no se puede ni se debe minimizar.

Sería una necedad pasar por alto una caída del 75% respecto a febrero de 2025 o un recorte del 43% en delitos de alto impacto desde septiembre de 2024. Es un respiro real para una tierra que venía cargando con una de las losas más pesadas del país.
Pero el análisis de las cifras obliga a sostener dos ideas al mismo tiempo: reconocer estos resultados firmes no significa perder de vista que la estadística fría de los asesinatos sigue un camino muy distinto a la salud de las calles, donde las estructuras criminales siguen operando, mutando y reacomodándose.

Lo dicen los propios documentos oficiales. Por un lado, el informe presume un golpe al bolsillo del narco superior a los 980 millones de pesos, la destrucción de laboratorios y más de 10,600 detenidos. Pero, por el otro, admiten en letra chiquita lo que se vive en los municipios: ahí siguen las células del Cártel Jalisco Nueva Generación, del Cártel del Pacífico y del Cártel Santa Rosa de Lima. Los operativos recientes en Romita, San Miguel de Allende, Victoria, Dolores Hidalgo o León no son de museo; son la prueba viva de que los cárteles no dan muestras de retirada.

Es indiscutible que el robo a transportista con violencia cayó un 60% o que el secuestro extorsivo bajó a la mitad. Pero en la otra trinchera, la que golpea directo al pequeño comerciante y al ciudadano de a pie, los números muestran una resistencia brutal. El robo a negocio apenas se movió un 14.7% a la baja y la extorsión registró una caída marginal del 8.2%. El crimen no descansa; cuando se le aprieta por un lado, exprime por el otro.

Ese es el meollo del asunto. Los datos duros confirman que los golpes operativos de la federación y el estado han dado en blancos clave y eso se aplaude. Pero la gente no camina cargando los promedios del Secretariado Ejecutivo en la bolsa. La seguridad real se mide ahí en el territorio: en poder abrir cortinas sin la angustia del cobro de piso, en caminar por la banqueta sin temor a la bala perdida.
El verdadero reto no es cuántos decimales logre bajar una gráfica de incidencia delictiva, sino cuándo esa estadística favorable se va a notar, de forma permanente, en la tranquilidad que las familias exigen todos los días.
Fuentes
«Reporte de incidencia» y «Avances de la Estrategia Nacional de Seguridad», Guanajuato, gabinete de seguridad federal, 18 de septiembre de 2026, con datos del SESNSP y la Fiscalía del Estado de Guanajuato.