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21 OCT 2026 · León, Guanajuato Periodismo de análisis Anúnciate
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El «No al acueducto» desde las entrañas de Acámbaro

En los 500 años de Acámbaro, el rechazo al acueducto Solís-León no se mide en la plaza pública: está en los pendones de las casas, en los carteles de los vehículos y en la voz discreta de los curas.

Por Miguel Zacarías 7 min de lectura
Manta colgada en un muro de Acámbaro: «Unidos contra la injusticia. No al acueducto».
Acámbaro, 19 de septiembre de 2026. Foto: Miguel Zacarías.

Sereno, un religioso miembro de la congregación franciscana que atiende a la feligresía católica de Acámbaro, hace su propio diagnóstico frente a la crisis que enfrenta el proyecto «Agua para Guanajuato» y en concreto, del «Acueducto Solís-León».

«Aquí el problema es que primero hicieron el 3, luego el 2 y hasta el final el 1 y era exactamente al revés. Primero llegaron con los fierros y trataron de imponer el proyecto y hasta el final empezaron a dialogar».

En Acámbaro, el «No al acueducto Solís-León» no se puede medir por los gritos en la plaza pública ni en los convocados a interpelar a la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo.

El verdadero termómetro está en las calles, con sus habitantes comunes y corrientes, en los barrios, en los carteles de protesta de los vehículos o en los pendones que cuelgan de casas y negocios en la conexión íntima que existe entre la iglesia católica, sus pastores y su comunidad en uno de los municipios más longevos del estado.

Las calles de Acámbaro el fin de semana de los 500 años: los pendones, los carteles en los vehículos y la misa en la Parroquia. Video: Miguel Zacarías.

«Te paso los datos de la Foranía con 8 parroquias. Pregúntale a los sacerdotes, a la gente, qué piensan del acueducto. Primero se debió trabajar en la gestión con los campesinos. Hay que convencerlos de que la tecnificación del riego es buena. No lo dudo. Para eso se requiere tiempo. Mínimo, 2 años. Pero estas no son las formas», dice otro sacerdote.

La iglesia y la causa: tú y yo somos uno mismo

En Acámbaro no hay una línea divisoria entre la iglesia católica y el gobierno.

Esa Foranía de la que habla el fraile forma parte de la arquidiócesis de Morelia y agrupa a las parroquias y comunidades católicas de la región.

Fachada de una casa en el centro de Acámbaro con carteles contra el acueducto en el balcón y en la puerta.
Los pendones cuelgan de casas y negocios en el centro de Acámbaro. Foto: Miguel Zacarías.

La alcaldesa Claudia Silva es una ferviente católica que en la misa de los 500 años no tiene reserva en colocarse hasta delante en la Parroquia para gritar loas al santo patrono al final de la misa. Luego se queda, ahí en los pasillos de la parroquia, a departir con la gente.

Saluda a sus gobernados. Le invita «una miche» a alguien. Se toma fotos. Carga en brazos a los niños. Los protocolos en Acámbaro de la presidenta y los ciudadanos son muy ordinarios. Es su segundo trienio como alcaldesa, la primera mujer que gobierna Acámbaro.

La sesión solemne fue en la Parroquia y no en la sala de cabildos.

Pero las cosas no han ido muy bien para ella en los últimos 15 meses a partir del anuncio del Acueducto Solís-León.

Primero, porque siempre hizo sentir que Acámbaro no tenía el peso específico que ameritaba. Un mando de Sedena comentó en una reunión en Irapuato a mediados del año pasado que la presa Solís es federal y las aguas son nacionales y que entonces el acueducto estaba palomeado. La anécdota la conocen todos los involucrados en el proyecto.

Para entonces, la Federación y el Estado contabilizaban en 10 los municipios involucrados en el proyecto: León, Celaya, Irapuato, Salamanca y Silao serían los beneficiarios del líquido y el resto, Tarimoro, Salamanca, Cortazar, Salvatierra y Acámbaro, «por donde pasaría».

«No podíamos ser uno más, porque de aquí va a salir el agua», refiere otro productor agrícola.

Negocio en Acámbaro con un cartel de «No al acueducto de la presa Solís» pegado en el cristal.
«No al acueducto de la presa Solís», en el cristal de un negocio. Foto: Miguel Zacarías.

Silva Campos pidió públicamente platicar con la gente de Acámbaro y hacer más reuniones porque había desinformación. Se quejó en declaraciones ante medios de comunicación que tanto la secretaría estatal de Agua y Medio Ambiente como CONAGUA no le dotaban de información suficiente.

Vino entonces aquel 22 de octubre que resultó fatídico para ella. En la celebración del desfile anual más popular en Acámbaro, un hombre la interpeló y le dijo que si no podía con el puesto, que renunciara, mientras agitaba un cartel con el «No al acueducto».

Varios contingentes, en lugar de saludar a las autoridades, mostraron sus carteles de protesta.

Palabras más, palabras menos, Silva le dijo al manifestante: «dame tu cartulina. No tengo problema». Y entonces la mostró a todos.

Fue la foto de los medios al día siguiente. A ese evento acudió, en representación de la gobernadora, el secretario de Educación Ignacio Sánchez. Vino luego un video con el secretario de Gobierno, Jorge Jiménez Lona, para tratar de calmar las aguas.

Tampoco funcionó porque la alcaldesa ratificó en medios el 26 de octubre que no había información suficiente del Estado y la federación.

Y luego, el arranque de los trabajos en la presa Solís que enojó más a los habitantes y campesinos de Acámbaro; enseguida, el anuncio de la suspensión de las obras por parte del secretario del Agua José Lara a principios de este año.

«No hubo trabajo de campo y ese fue el problema con los acambarenses, vieron que ya estuvieron las máquinas, metiendo la tubería y se fueron a parar las máquinas», recuerda un campesino activista.

La rebelión, politizada, nadie la para

En Acámbaro hay, en efecto, un regidor, el morenista Julio Vega, que sistemáticamente se ha opuesto al acueducto, pero los campesinos que lo rechazan han decidido no aparecer en las protestas públicas.

«Hay quienes se están montando de una protesta sana en defensa del agua, de los recursos naturales, hay quienes literalmente se aprovechan para llevarse el agua a su molino. Eso es otra cosa», ataja un campesino.

Es el mismo que dice estar convencido de que la presa no se va a secar con el acueducto.

«Pero eso se lo tienen que demostrar a los campesinos. Y eso lleva años. ¿Cuánto están dispuestos a esperar? El problema aquí es que los de Acámbaro también somos tercos y obstinados. Así somos, pero hay motivo».

Manta colgada en un muro de tabique: «Unidos contra la injusticia. No al acueducto», con un cartel de «No al acueducto de la presa Solís».
«Unidos contra la injusticia», en un muro de Acámbaro. Foto: Miguel Zacarías.

Los religiosos aceptan que no pueden oponerse públicamente al proyecto; por eso son discretos. Dicen que fue lamentable que solo platicaran con productores agrícolas de la ribera de la presa. No dejan de hacer su labor.

No obstante, dentro del rechazo saben que las autoridades sopesan las adversidades.

«Si la gobernadora tiene compromiso de dotar de agua a 3 millones de personas y aquí hay menos de 150 mil que se oponen en Acámbaro, eso también representa votos. Sopesan, lo ponen en la balanza. No está todo dicho».

Obstinación vs necedad

Este sábado, en el arranque del día en que se conmemoran los 500 años de la fundación de Acámbaro, la gobernadora enfrenta una protesta de varias decenas de acambarenses que la esperan afuera de las vallas metálicas en la Plazuela Hidalgo. Antes, desde la zona de medios de comunicación, Laura Ríos, que es habitual en esas manifestaciones, grita «No al acueducto».

Y no se amilanó en ninguno de los 2 casos.

Pero ese no parece ser el mayor desafío de la gobernadora si quiere concretar el proyecto Agua para Guanajuato.

La aduana mayor está en las calles de Acámbaro. En ese «No al acueducto» de una comunidad que defiende sus derechos pero que también acepta que es terca y obstinada.

«No lo hicieron bien desde el principio y aquí tenemos un doctorado en necedad», confiesan.

Fuentes

Recorrido y entrevistas en Acámbaro el 19 de septiembre de 2026, en el arranque de los 500 años de su fundación.

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