Si ese tiempo pudiera volver · Abril de 1975
Ríus y el ‘manual’ del «tapado»: cuando la política parecía juego de adivinanzas y el dedazo mandaba (o manda)
Abril de 1975: el número 197 de Los Agachados desmenuzó el ritual del tapado. Cincuenta y un años después, el PAN de León tiene a tres y el dedazo sólo cambió de nombre.
Abril de 1975. Hace 51 años y 2 meses los quioscos mexicanos amanecieron con una de esas joyas editoriales que hoy son dignas de anaquel de museo: el número 197 de la revista Los Agachados, de Eduardo del Río, Rius. Titulado con mucha cábula (como dicen los capitalinos) ‘¿Cervantes del Río? / ¿Luis Echeverría?’, aquel ejemplar no solo desmenuzaba la carrera de uno de los hombres más influyentes del gabinete de Luis Echeverría: el entonces todopoderoso secretario de la Presidencia. Pero lejos de ser una semblanza con monitos, Rius usó las páginas de su historieta como bisturí de la sátira para abrir en canal y examinar el mecanismo más sofisticado y opaco de la política mexicana del siglo XX: el ritual del tapado.

Hubo un tiempo en el que la sucesión presidencial en México no se decidía en las urnas, ni en el debate público. En la primera viñeta de este número aparecen Bedoyo —uno de los personajes de la sátira de Rius, quien representa a la clase política y burócrata tradicional— y Trastupijes, su jefe (recordemos que la palabra trastupije se asocia popularmente a enredos, manejos turbios, etcétera; no hay mucho que explicar sobre este personaje), quien le ordena a su subalterno hacer lo que tenga que hacer para saber quién es ‘el tapado’, o sea el próximo presidente de México de aquella época. Un par de páginas adelante, Bedoyo se topa con un policía quien también fue instruido por el licenciado con la misma misión. Este le dice a Bedoyo: “En una revista leí que hay cuatro tapados”. En 2026 el PAN en León tiene a 3; sin mencionar al resto de municipios que buscan tener un ‘Defensor de la Patria, la Familia y la Libertad’.

A través de ese intercambio ilustrado, Rius explicaba magistralmente lo que hoy, décadas después, sigue vigente. Para entender las dinámicas de poder actuales no hace falta irse muy lejos; basta con mirar cómo la definición de las candidaturas clave pocas veces se juega en contiendas abiertas a la ciudadanía. En los pasillos cerrados de los partidos el clásico ‘dedazo’ continúa operando con total naturalidad, demostrando que el misterio del ‘tapado’ jamás se fue, solo cambió de siglo y de nombre: hoy le llaman designación directa y, todavía en las elecciones pasadas, algunos partidos recurrieron a este método para elegir a sus candidatos. Hoy el PAN busca regresar a la contienda interna, aunque digan que lo de los defensores es otra cosa, no porque se avergüencen del proceso, sino porque no son tiempos de precampaña.
Era el tiempo del partido hegemónico, una época en la que el sistema funcionaba como una maquinaria perfecta donde el presidente en turno se reservaba una prerrogativa tan discrecional como temida: el célebre dedazo. Y hasta que el ritual se consumaba, el país entero vivía bajo la zozobra de una etiqueta, una forma de llamarle a la decisión premeditada en nombre del pueblo: el tapado. El juego funcionaba (o funciona aún en algunos casos) con reglas muy claras, tal como lo retrataba la historieta: meses antes de que terminara un sexenio —varios meses antes—, los actores con mayor peso político inician una carrera silenciosa. Todos saben quiénes buscan las posiciones más altas, pero decirlo abiertamente sigue estando prohibido fuera de tiempo. Dicen los de aquella época que, al menos bajo la metodología no escrita de entonces, manifestar ambición por cuenta propia era el equivalente a firmar tu propia sentencia de muerte política.

Los que querían ser ‘el tapado’ sabían perfectamente que aspirar a la silla mayor requería de una esquizofrenia política singular: debían trabajar incansablemente para proyectarse, pero sin pronunciar jamás la palabra prohibida de la ambición personal; cada línea de un discurso oficial, cada guiño en una gira de trabajo, la ubicación de un funcionario en la fotografía junto al mero mero, el orden de los aplausos en un informe eran escudriñados por columnistas y mineros (como Rius). Todo comunica, eso tampoco ha cambiado, no cambiará. A través de sus monitos Rius desnudaba aquella coreografía de la simulación. Hoy vemos campañas truculentas (una de las palabras favoritas del maestro Ríus), con el pretexto de cumplir su sueño de ser Defensores de la Patria, la Familia y la Libertad, para posicionar su imagen.

Mirar hoy hacia aquel laberinto de secretos de Estado a través del espejo de Los Agachados no es un mero ejercicio de nostalgia para ‘Si ese tiempo pudiera volver’. Es, ante todo, una joya (y tengo la fortuna de tenerla en mi colección privada. Pero no presto) para comprender nuestro presente. Hoy, como ya lo comentamos, el Partido Acción Nacional en León tiene a tres tapados que forman parte de un proceso interno que regresó a la militancia a las ‘urnas’ internas; hoy buscan encabezar la candidatura blanquiazul por la capital del calzado Alan Sahir Márquez Becerra, Jorge Espadas Galván y Luis Ernesto Ayala Torres. Y sí, licenciado Trastupijes, ya hay rumores sobre quién encabeza la más reciente etapa del proceso para ser el Defensor de la Patria, la Familia y la Libertad en León.
De la hemeroteca
Fuentes
Número 197 de la revista Los Agachados, de Eduardo del Río (Rius). Editorial Posada, abril de 1975. Colección privada de Gamaliel Reyes.